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Como enamorar a un hombre

Tu herencia natural es la salud, no la enfermedad.

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Responder a Ricardo Gonzalez. Responder a Anthony Fernandez. Temo vasquez dijo hace 11 meses. Responder a Temo vasquez. Jhoss dijo hace 10 meses. Jorge dijo hace 10 meses.

Daniel dijo hace 9 meses. Julian dijo hace 8 meses. RAUL dijo hace 8 meses. Javier dijo hace 8 meses. Justin Clayn dijo hace 7 meses.

Responder a Justin Clayn. Responder a carlos lopez jimenez. Lo que aparece es un signo: Lo atestiguan sobre todo los Libros sapienciales. No es casual que, en el momento en el que el autor sagrado quiere describir al hombre sabio, lo presente como el que ama y busca la verdad: Sale en su busca como el que sigue su rastro, y en sus caminos se pone al acecho. Se asoma a sus ventanas y a sus puertas escucha. Acampa muy cerca de su casa y clava la clavija en sus muros.

Monta su tienda junto a ella, y se alberga en su albergue dichoso. Pone sus hijos a su abrigo y bajo sus ramas se cobija.

La fe agudiza la mirada interior abriendo la mente para que descubra, en el sucederse de los acontecimientos, la presencia operante de la Providencia.

El Salmista pone una ulterior tesela a este mosaico cuando ora diciendo: Para la Biblia, en esta necedad hay una amenaza para la vida. Ello le impide poner orden en su mente cf. Pr 1, 7 y asumir una actitud adecuada para consigo mismo y para con el ambiente que le rodea. Cuando llega a afirmar: Si el hombre con su inteligencia no llega a reconocer a Dios como creador de todo, no se debe tanto a la falta de un medio adecuado, cuanto sobre todo al impedimento puesto por su voluntad libre y su pecado.

Ello se advierte, por ejemplo, en las palabras con las que el Libro de los Proverbios denota el cansancio debido a los intentos de comprender los misteriosos designios de Dios cf.

Sin embargo, a pesar de la dificultad, el creyente no se rinde. Los ojos de la mente no eran ya capaces de ver con claridad: En el Nuevo Testamento, especialmente en las Cartas de san Pablo, hay un dato que sobresale con mucha claridad: El comienzo de la Primera Carta a los Corintios presenta este dilema con radicalidad.

Nadie puede permanecer sinceramente indiferente a la verdad de su saber. Si descubre que es falso, lo rechaza; en cambio, si puede confirmar su verdad, se siente satisfecho. Es, pues, necesario que los valores elegidos y que se persiguen con la propia vida sean verdaderos, porque solamente los valores verdaderos pueden perfeccionar a la persona realizando su naturaleza.

La verdad se presenta inicialmente al hombre como un interrogante: Lo que es verdad, debe ser verdad para todos y siempre. En cada una de estas manifestaciones lo que permanece es el deseo de alcanzar la certeza de la verdad y de su valor absoluto. Otros intereses de diverso orden pueden condicionar la verdad. La capacidad misma de buscar la verdad y de plantear preguntas implica ya una primera respuesta. Es cierto que no toda verdad alcanzada posee el mismo valor.

Con esta luz interpreta sus vicisitudes personales y regula su comportamiento.

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