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XXII Es posible me persigan hasta cuatro magistrados vuelto. Es posible me juzguen pedro. XXV Alfan alfiles a adherirse a las junturas, al fondo, a los testuces, al sobrelecho de los numeradores a pie. Alfiles y cadillos de lupinas parvas. Soberbios lomos resoplan al portar, pendientes de mustios petrales las escarapelas con sus siete colores bajo cero, desde las islas guaneras hasta las islas guaneras.

Tal los escarzos a la intemperie de pobre fe. Tal el tiempo de las rondas. Vienen entonces alfiles a adherirse hasta en las puertas falsas y en los borradores. Me da miedo este favor de tornar por minutos, por puentes volados. Recuerdo valeroso, yo no avanzo. Rubio y triste esqueleto, silba, silba. Y me han dolido los cuchillos de esta mesa en todo el paladar.

Acoraza este ecuador, Luna. Guante de los bordes borde a borde. Olorosa verdad tocada en vivo, al conectar la antena del sexo con lo que estamos siendo sin saberlo.

Otro vaso, y me voy. Como en cierto negocio me iba admirablemente, me rodeaban de un aire de dinasta florido. Llama con toque de retina el gran panadero. La salud va en un pie. Como si nos hubiesen dejado salir! XLI La Muerte de rodillas mana su sangre blanca que no es sangre.

Ya os voy a narrar todo. Esperaos sossiegue este dolor de cabeza. Y otra vez rosa: No nos ha visto nadie. Penetra reencarnada en los salones de ponentino cristal.

Sin fiebre, y ferviente. No le digas nada. Narra que no es posible todos digan que bueno, cuando ves que se vuelve y revuelve, animal que ha aprendido a irse Pero no vaya a saber que lo haces porque yo te lo ruego. XLIV Este piano viaja para adentro, viaja a saltos alegres. Luego medita en ferrado reposo, clavado con diez horizontes. XLV Me desvinculo del mar cuando vienen las aguas a mi. Pasa la brisa sin sal.

Y no quieres gustar, que ves quien viene filialmente a la mesa en que comiste. Y siendo ya la 1. Ella, siendo 69, dase contra 70; luego escala 71, rebota en En los bastidores donde nos vestimos, no hay, no Hay nadie: Y hasta el hueso! Pero, naturalmente, siempre cumpliendo su deber.

Mas ya lo sabes: Y si sigues llorando, bueno, pues! Otra vez ni he de verte cuando juegues. Como si las hubiesen pujado, se afrontan de dos en dos las once veces. Vuelve la frontera a probar las dos piedras que no alcanzan a ocupar una misma posada a un mismo tiempo. Veis lo que es sin poder ser negado, veis lo que tenemos que aguantar, mal que nos pese. LIV Forajido tormento, entra, sal por un mismo forado cuadrangular. El balance punza y punza hasta las cachas.

Un enfermo lee La Prensa, como en facistol. A que no me atrevo a cerrar la quinta ventana. Y el papel de amarse y persistir, junto a las horas y a lo indebido. Arreglo los desnudos que se ajan, se doblan, se harapan. Le soplo al otro: Vuelve, sal por la otra esquina; apura E inadvertido aduzco, planeo, cabe camastro desvencijado, piadoso: LX Es de madera mi paciencia, sorda, vejetal. Y se apolilla mi paciencia, y me vuelvo a exclamar: Luego duda, relincha, orejea a viva oreja.

Las hermanas, canturreando sus ilusiones sencillas, bullosas, en la labor para la fiesta que se acerca, y ya no falta casi nada. Llamo de nuevo, y nada. Cielos de puna descorazonada por gran amor, los cielos de platino, torvos de imposible. Rumia la majada y se subraya de un relincho andino. Pero bastan las astas del viento, los timones quietos hasta hacerse uno, y el grillo del tedio y el jiboso codo inquebrantable.

Entre la columnata de tus huesos que no puede caer ni a lloros, y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer ni un solo dedo suyo. Estas sillas son buenas acojidas. La rama del presentimiento va, viene, sube, ondea sudorosa, fatigada en esta sala. Dobla triste el dos de Noviembre. Y la rama del presentimiento se la muerde un carro que simplemente rueda por la calle. Son las cinco de la tarde. Llueve en toda una tercera esquina de papel secante. Ahora estamos bien, con esta lluvia que nos lava y nos alegra y nos hace gracia suave.

Los soles andan sin yantar? O hay quien les da granos como a pajarillos? Oh piedra, almohada bienfaciente al fin. Amemos las actualidades, que siempre no estaremos como estamos.

Que interinos Barrancos no hay en los esenciales cementerios. El porteo va en el alfar, a pico. LXXI Serpea el sol en tu mano fresca, y se derrama cauteloso en tu curiosidad.

Nadie sabe mi merienda suculenta de unidad: Los verdes han crecido. Veo labriegos trabajando, los cerros llenos de triunfo. Julio estaba entonces de nueve. Ha triunfado otro ay y contra nadie. Tengo pues derecho a estar verde y contento y peligroso, y a ser el cincel, miedo del bloque basto y vasto; a meter la pata y a la risa. Para ya tarde saber que en aquello gozna la travesura y se rompe la sien. Para que te compongas. Triste destino el no haber sido sino muertos siempre. Ellos murieron siempre de vida.

En nombre della que no tuvo voz ni voto, cuando se dispuso esta su suerte de hacer. No se vaya a secar esta lluvia. A menos que me fuese dado caer ahora para ella, o que me enterrasen mojado en el agua que surtiera de todos los fuegos. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande. Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar. Que soy dos veces suyo: La cierro, al retornar.

Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Aquella noche fui dichoso. Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro.

Le digo entonces hasta que me callo: Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta. Se hizo patio afuera. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes. Ya nadie quiso comer.

Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternal mente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Y otro hombre dijo: Y el ultimo hombre dijo: Las ventanas se han estremecido Un enfermo lanza su queja: El pobre duerme, boca arriba, a la cabeza de su morfina, a los pies de toda su cordura. La familia rodea la mesita por espacio de un alto dividendo. El paciente contempla su calzado vacante. La muerte se acuesta al pie del lecho, a dormir en sus tranquilas aguas y se duerme.

El cirujano ausculta a los enfermos horas enteras. Se rodeaba de improviso un lecho con un biombo. Unos enfermos oyen a esa mosca hasta durante el dolor y de ellos depende, por eso, el linaje del disparo, en las noches tremebundas.. Pido se me deje con mi tumor de conciencia, con mi irritada lepra sensitiva, ocurra lo que ocurra aunque me muera! En la casa del dolor, la queja arranca frontera excesiva. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera.

Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento.

Lo mismo el enamorado. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Ahora yo no conozco a nadie ni nada. No hable usted a ese caballero.

No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido. Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. La vida me ha dado ahora en toda mi muerte. Y esto no fue posible.

Una mujer de senos apacibles Un hombre de templanza, mandibular de genio, apto para marchar de dos a dos con los goznes de los cofres.

No vive ya nadie La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues que todos han partido. Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Las negaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado.

Existe un mutilado, no de un combate sino de un abrazo, no de la guerra sino de la paz. Este mutilado que conozco, lleva el rostro comido por el aire inmortal e inmemorial. Rostro muerto sobre el tronco vivo. Rostro yerto y pegado con clavos a la cabeza viva. No tiene ojos y ve y llora. No tiene narices y huele y respira. Horrible medialuna, convexa y solar, cobija a unos y otros.

Cesa el anhelo, rabo al aire. Cesa el anhelo, a la altura de la mano enarbolada. No puedo concebirlo; es aplastante. Entre el dolor y el placer En el momento en que el tenista Y exclamo entonces, sin cesar ni uno de vivir, sin volver ni uno a temblar en la justa que venero: Flora de estilo, plena, citada en fangos de honor por rosas auditivas Unto a ciegas en luz mis calcetines, en riesgo, la gran paz de este peligro, y mis cometas, en la miel pensada, el cuerpo, en miel llorada.

Los mineros salieron de la mina Fue domingo en las claras orejas de mi burro Tal de mi tierra veo los cerros retrasados, ricos en burros, hijos de burros, padres hoy de vista, que tornan ya pintados de creencias, cerros horizontales de mis penas.

Pero antes que se acabe Hoy me gusta la vida mucho menos Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir: Dije chaleco, dije todo, parte, ansia, dice casi, por no llorar.

Confianza en el anteojo, no en el ojo No tiene plural su carcajada, ni por haber salido de un molusco perpetuo, aglutinante, ni por haber entrado al mar descalza, es la que piensa y marcha, es la finita.

Plenitud inextensa, alcance abstracto, venturoso, de hecho, glacial y arrebatado, de la llama; freno del fondo, rabo de la forma. Otro poco de calma, camarada Otro poco de calma, camarada; un mucho inmenso, septentrional, completo, feroz, de calma chica, al servicio menor de cada triunfo y en la audaz servidumbre del fracaso. Al cavilar en la vida, al cavilar Al cavilar en la vida, al cavilar despacio en el esfuerzo del torrente, alivia, ofrece asiento el existir, condena a muerte; envuelto en trapos blancos cae, cae planetariamente el clavo hervido en pesadumbre; cae!

Busco lo que me sigue y se me esconde entre arzobispos, por debajo de mi alma y tras del humo de mi aliento. Tal es la muerte, con su audaz marido. Quisiera hoy ser feliz de buena gana Hermano persuasible, camarada, padre por la grandeza, hijo mortal, amigo y cotendor, inmenso documento de Darwin: Y quiero, por lo tanto, acomodarle al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado; su luz, al grande; su grandeza, al chico.

Comprendiendo sin esfuerzo que el hombre se queda, a veces, pensando, como queriendo llorar, y, sujeto a tenderse como objeto, se hace buen carpintero, suda, mata y luego canta, almuerza, se abotona El placer de sufrir Parado en una piedra Parado en una piedra desocupado, astroso, espeluznante, a la orilla del Sena, va y viene.

Va corriendo, andando, huyendo Va corriendo, andando, huyendo de sus pies Corre de todo, andando entre protestas incoloras; huye subiendo, huye bajando, huye a paso de sotana, huye alzando al mal en brazos, huye directamente a sollozar a solas. Execrable sistema, clima en nombre del cielo, del bronquio y la quebrada, la cantidad enorme de dinero que cuesta el ser pobre Un gato es el lindero entre ella y yo, al lado mismo de su tasa de agua.

La veo en las esquinas, se abre y cierra su veste, antes palmera interrogante Pero me busca y busca. De disturbio en disturbio Quiero escribir, pero me siento puma; quiero laurearme, pero me encebollo. Marcos Iglesias asegura que "existe capacidad presupuestaria para su convocatoria".

Varias zonas verdes permanecen secas a la vista de todos a causa de la pasividad municipal. Los vecinos de la calle del Carmen responden al bando de limpieza de solares segando la mitad de un terreno municipal. El Complejo Hospitalario traslada "por eficiencia" un microscopio a Los Montalvos. El coste total de las fiestas supera los Las actuales obras del paseo Fernando Arrabal se financian con Planes Provinciales.

Tras desmontar los 'tablaos' del coso que ha albergado los principales festejos taurinos desde el Las heces de los perros y los chicles, principales problemas de la limpieza viaria urbana Todas las noticias de Carnaval del Toro. La Gaceta de Salamanca On-line Modif.

Avenida de los Cipreses,

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